SOBRE MUNICIPALISMO

No puede existir democracia sin unas bases fuertes de compromiso y participación de la gente. La representación, vértice definitorio y casi sacrosanto de nuestras democracias liberales, se ha convertido en el sustento de la apatía y la incomprensión hacia las instituciones, que si algún respeto pueden merecer, desaparece éste al carecer ellas de lazos reales con la sociedad, con la implicación popular y se disuelve el único sentido que podían tener al fundarse bajo el epíteto “democráticas”: estar al servicio del pueblo, a las órdenes de la gente.

El Estado en el que nos encontramos inmersos ha sido protagonizado en sus momentos de mayores aspiraciones democráticas por la fuerza y la voluntad decidida delos espacios de socialización más básicos y cercanos: los municipios. No en vano, hablar de República en España es imposible sin atender a sus pueblos. No es una cuestión deprincipios si no de lógica. La democracia la construyen las gentes o no es democracia. Y las gentes entienden sus casas, sus barrios, sus vecinos, sus caminos, sus aguas, sus campos, sus calles, sus plazas, sus soles y sus sombras. Y eso es lo que se encuentra al alcance de sus ojos y sus manos: su gente, su pueblo.

En la inmensidad de los territorios de un país es muy fácil perderse en la incertidumbre por la complejidad de lo que en él se encuentra y acontece. Sin embargo, la cercanía de esos barrios, esos campos y esas gentes, la cercanía del día a día, de la panadería y el mercado, de la partida y el partidillo, del colegio y la biblioteca, de las fiestas y los entierros, de los calores y los pedriscos, esa cercanía es la que comprende y permite actuar. Por ese comprender y ese poder actuares por lo que la democracia puede ser posible. Y esa posibilidad es el municipio.

Sin Ayuntamientos de la gente, Ayuntamientos que hagan honor a su nombre,cualquier institución política que se construya en un ámbito superior no será más que un lejano templo localizado en las alturas de dioses sin rostro que no alcanzamos a entender. Esa es la locura que vivimos, la locura de un rito de urnas y votos sin más, de comunión de un cuerpo que no se puede sentir porque no se entiende.

Autor.: Daniel P.

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